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Sunday, October 31, 2010

Navegando el río juntos con el FIDA

por Regina Guex

Nos encontramos todos/todas en el Salón de reuniones, en el  día de la fecha,  estábamos un poco trasnochados/trasnochadas luego de la cena y la bailanta en el  salón de baile KONTIKI, con ocasión de la clausura de la jornada del II Conversatorio de Mujeres Rurales en Procesos Productivos: Generación de Valor y Distribución de Beneficios.

Sin embargo la calidez y buena predisposición de Maija, con el apoyo de Sandra y Timoteo, nos ayudó a entrar en la temática, llevándola adelante involucrándonos en la misma con facilidad, despertando nuestro interés desde el inicio mismo.

Luego del saludo inicial, se presentó el programa del día, sometiendo a consideración el mismo, ajustándolo, e, incluso consensuando la propuesta metodológica del tratamiento de los contenidos, lo cual nos pareció interesante.

La reunión se desarrolló, metafóricamente hablando, de manera parecida a desplazarse por un río desde el manantial, que es su misma naciente, hasta la desembocadura en el mar, pues, todo lo hablado empezaba desde ellas y para ellas “la gente beneficiaria” de los Proyectos FIDA, posicionándonos como actores clave en el proceso llevado adelante.

El viaje a través del río se iniciaba en las fuentes y extrañamente tenia avances y retorno a las mismas, seguíamos por los meandros, en sus vueltas y revueltas, refiriéndonos al paisaje particular de su recorrido, nos deteníamos en los afluentes, identificando aliados que podían alimentar al río con más caudal promoviendo mayor velocidad en su recorrido, pero cuidando que no se vuelva muy torrentoso arrastrándonos  en su incontrol, descansábamos en manantiales de gran transparencia. Cuando la reunión tenía aportes de gran calidad desde las/los compañeros, nos sorprendíamos gratamente con la creatividad de procesos sobre todo con las poblaciones vulnerables, pero en el recorrido también encontramos aguas profundas, que exigió de nosotros mucha habilidad para sortearlas con gran cuidado, aportando estrategias que posibilitaban no desembarcar, dando por finalizado el viaje, truncando procesos en marcha,  por lo cual aportábamos aspectos que posibilitarían superarlas con valor, y, avanzamos recorriendo los diferentes temas, hasta llegar a hacer altos para recuperar fuerzas y avanzar con mayor rapidez.

Retomábamos el viaje luego del compartir, en los espacios no formales, alimentando el cuerpo y el espíritu, en un ambiento altamente propositivo, las temáticas tratadas constituían nuestro cotidiano y encontrar respuestas en otras experiencias así como aportar las nuestras y en varios casos pensar juntas/juntos salidas a problemáticas comunes facilitaron en gran medida la fluidez de la reunión y nos ayudaron a llegar felizmente a destino.

Cuando llegó el momento de finalizar, ninguno/ninguna se dio cuenta, estábamos insertas en un proceso que no admitía final, habíamos arrancado tímidamente el viaje y a medida que lo vivíamos lo disfrutamos tanto que, al llegar a destino, sentíamos que estábamos unidas mas allá de una mera jornada,  la suma de nuestros talentos, de nuestras vivencias, de los anhelos de hacer bien las cosas de capitalizar los recursos en bienestar, en calidad de vida, nos trascendía y ello nos completaba totalmente como personas , pero sentíamos que necesitamos más, el camino es largo y los imponderables son muchos, los cambios necesarios son culturales, generacionales, y, estructurales, por ello trascienden nuestras individualidades, tanto profesionales como de Proyectos y de País incluso, nos necesitamos, necesitamos todo lo que se pueda aportar a esta Misión. Consideramos que este encuentro nos construyó, hoy somos un poco más, gracias al aporte del otro/otra, por ello considerándolo tan importante y vital, estaremos uniéndonos en redes no formales, que continúen este inacabado proceso de formación en la acción misma nuestra y en la del otro/otra.

Gracias compañeros/compañeras, amigas/amigos, gracias Maija, Gracias Mujeres Afro, gracias FIDA,
Gracias COSTA RICA.

¡HASTA PRONTO!  

Regina Guex
Proyecto Paraguay Rural
Paraguay

“Amo todo lo que sea vida…”

por Carmen Lucía Jaramillo Hoyos

Conservo en mi recuerdo la mirada serena y sabia  de Doña María Solano, nuestra anfitriona del día de ayer en su finca de Pacayas. Una mujer de poca estatura, pero con un corazón inmenso que irradia paz y vida a su alrededor.

Al llegar a su finca, rodeada  de una bella vegetación que se extiende a lo largo de un terreno ondulado, resalta el orden de la casa, la belleza de sus plantas y la sonrisa de sus nietas y nietos.

La primera impresión al entrar a su casa fue la de un hogar donde los detalles son muy importantes, ningún objeto está allí puesto sin una razón, no sólo práctica, sino también estética;  es evidente que ha cuidando delicadamente de crear un espacio agradable para la familia y sus visitantes. Tanto así que el camino para llegar a la porqueriza y a los cultivos de hortalizas, lo están acondicionando para que esté bordeado de flores.  Allí se evidencia que el lugar de las mujeres en la familia no sólo es estratégico para la producción, sino para el bienestar de todos y todas.

Doña María y su hija Marta, dejan claro con los resultados familiares y económicos, que la importancia de la mujer en los procesos productivos no radica sólo en su papel determinante para desarrollar nuevos proyectos, ingeniarse formas de  aumentar la producción y reducir costos, sino que radica también en conectarse profundamente con la vida para entender el mensaje de la tierra y sus animales y así desarrollar su negocio con un sentido profundamente vital.

Los logros a nivel productivo de la familia Guillén Solano con su finca sostenible son evidentes: un negocio de cerdos que partió con unos pocos animales, hoy cuenta con poco más de 200; con sus propios recursos iniciaron el cultivo de hortalizas y hoy tienen dos invernaderos y otros cultivos a campo abierto. Tanto es así que en 2008 doña María recibió la medalla al mérito agrícola en una premiación a nivel nacional.
Pero más allá de la certificación orgánica, los biodigestores, las cercas vivas, las curvas de nivel, el lombricompost y otros logros en el campo productivo, me llevo en el alma esa sinceridad con que Doña María dice:  “amo todo lo que sea vida”, refiriéndose a la dedicación que relataba su hija sobre el cuidado de los animales. El sello propio de la producción de su finca, es el de ser productos sembrados con amor.
Esta gran obra de amor que ha ido construyendo doña María, ha sido, según sus propias palabras, por el trabajo hombro a hombro con su esposo, de quien dice con orgullo que es un hombre maravilloso, con quien lleva 47 años de matrimonio. Es así como lo más impactante de esta empresa familiar llamada “Guisol” (por los apellidos Guillén y Solano de la familia)es el valor de la unidad familiar y la autogestión como pilares fundamentales para desarrollo humano y productivo de la familia.

Este es el caso de los Estasy, Válery y Héctor Daniel, los nietos de Doña María, que a sus  10 años ya saben qué proyectos quieren desarrollar y por eso tienen codornices, conejos y pollos que cuidan con dedicación, pero también con claridad de que serán un negocio si ahorran con disciplina como lo han hecho su abuela y su abuelo.

Un aprendizaje de la visita a terreno del día de ayer es que una  mirada femenina sobre las mujeres en los procesos productivos, no puede limitarse sólo a los datos sobre volúmenes de producción, generación de ingresos, tiempo dedicado a las labores, distribución de tareas productivas y reproductivas, sino que debe incluir también una perspectiva sobre la felicidad que puede producir  el trabajo, cuando este es realizado con amor y pasión en colaboración con todos los miembros de la familia.

Carmen Lucía Jaramillo Hoyos
Programa Oportunidades Rurales – Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural
Colombia

Friday, October 29, 2010

“¡Yo puedo valerme sin mi esposo, pero no puedo valerme sin mis anteojos!”

por Lucía Valverde (MIES-IEPS Corredor Central, Ecuador)

En Costa Rica son las 6 de la mañana, éste el segundo día de conversatorio y un bus nos espera para llevarnos a conocer el lugar de los hechos: los campos que las actoras habían descrito el día anterior y donde no sélo han generado procesos productivos o han trabajado en cadenas de valor, pues han desarrollado sus vidas…..

Después de un sorteo rápido, estaré en el grupo que irá a visitar la finca orgánica de Hannia Villalobos. Hannia es una mujer muy extrovertida con un alto sentido del humor  y con un compromiso por lo que está haciendo, ello de pronto le dio la sociología -carrera que estudió -, pero sin duda eso también le dio su preciada tierra, su finca, sus semillas, sus animales…

Mientras nos movilizamos hacia allá, Hannia hizo de guía turística mostrándonos los lugares importantes de su país; ello me reveló que nuestra querida campesina-socióloga tuvo que hacerse multidiscliplinaria. Pues reconoce que no sabe muchas cosas que desde su actividad debería saberlo, pero también es muy enfática cuando habla de que las mujeres tienen siempre que preparase y estar en el ultimo grito de la moda en cuanto a procesos productivos, en aquellas palabras técnicas, pues, como bien dice ella “si no se aprende eso, estamos jodidas”, porque aprender las cosas técnicamente le genera mayor valor agregado a lo que se produce,  y entonces se posee capacidad para informarle al consumidor los valores nutricionales, las propiedades y características de lo que va a comer.

Mientras dura la visita, veo que la broma de los anteojos indispensables más que su esposo se va desvaneciendo, Rodolfo, un economista que dejó su empleo en el banco y se lanzó al campo, ha sido el compañero de su vida.

Rodolfo es quien le pone los números, los cálculos y los costos a la finca orgánica de la familia, esa es buena combinación; sociología, economía y naturaleza juntas permiten comprender que lo importante en la finca no es el dinero, pues cuando se ha hecho las cosas bien y se vende buenas kales, chuchuas, culantros, remolachas, espinacas, tomates, cebollas etc.  y se trabaja la tierra con el amor que lo hacen, el dinero para vivir simplemente es consecuencia de lo que se trabaja.

La finca de Hannia y Rodolfo forma parte de APROZONOC, una organización que está trabajando hortalizas con producción orgánica, su finca está certificada y es un oasis de vida en Tierra Blanca de Cartago, en medio de plantaciones de cebolla que se cultiva con agroquímicos.

Una vez que se cosecha, se venden los productos en la feria del agricultor en San José los días viernes. Tienen clientes desde hace muchos años, y la calidad de sus productos  ha desembocado en que más que clientes se han hechos sus amigos. Un arquitecto consumidor les diseñó su casa, el gerente de la Nissan también consumidor les ayudó para que a través de un crédito conveniente, puedan tener un carro nuevo. Son amigos de muchos años los conocen tanto que la producción que se pone a  la venta suele durar tres horas en la feria.

Hannia siempre está pensando en que uno de los factores del éxito son las articulaciones institucionales, pues así se puede aprovechar mejor los recursos y evitar la duplicación de esfuerzos, también señala que hay que formar y consolidar redes; redes de producción pero también de ayuda mutua,  desde la cuales se intercambie desde opiniones hasta semillas, pues eso en realidad es pensar desde la solidaridad.

Al final, luego de verla en acción  y envidiar de alguna forma su manera de exponer sus productos, regala las semillas con las cuales ha podido formar un banco, ésa es su pasión porque genera soberanía y seguridad alimentarias y permite el intercambio de producción con las demás asociadas.


La visita de campo no sólo demostró la finca orgánica, los productos y la deliciosa comida que nos ofrecieron; además de respirar la naturaleza, de admirar el verdor de su terreno, la tecnología orgánica de su abonos, se notó el amor que Hannia y Rodolfo sienten el uno por el otro, y entonces pensé que todo lo que está hecho con amor tiene éxito. Esas son las mujeres rurales que le encuentran sentido a su vida y con la cual da gusto compartir toda clase de opiniones, esas mujeres rurales son las que tienen la película clara de cómo entenderse en la territorialidad de su espacio. Pero además cuentan con la capacidad de ponerse en el espacio de los demás, y eso es pensar desde el largo debate del verdadero discurso del género, ellas lo resuelven fácil, porque lo viven, pero están concientes de que hay que seguir trabajando por aquellas mujeres que aun siendo dueñas de su terreno, no pueden disfrutar de su tierra, su familia y su mundo.

Concluyo finalmente que la analogía de Hannia es muy sabia: anteojos y esposo son lo que ella ha definido como bueno para su vida.

Lucía Valverde
MIES-IEPS, PDCC (650-EC)
Ecuador

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